Nostalgia fallida
Poster oficial

Scream 7 llega con el peso de una franquicia que siempre supo reírse de sí misma, durante años la saga construyó su identidad jugando con las reglas del slasher, comentándolas, torciéndolas y exhibiéndolas frente al espectador.
Las dos entregas anteriores habían recuperado esa energía autorreferencial con un enfoque más contemporáneo y es por eso, esta nueva película enfrenta un desafío evidente que es sostener el componente meta sin repetir fórmula. El resultado es irregular.

La ausencia de Melissa Barrera y Jenna Ortega es notoria desde los primeros minutos. No solo por lo que representaban dentro de la narrativa reciente, sino porque la película opta por no integrar su salida de manera orgánica.
La historia sigue adelante sin una mención clara que conecte emocionalmente con el pasado inmediato. Esa omisión deja un vacío que se percibe más estructural que anecdótico.

Se inclina hacia un slasher más convencional. Retoma elementos clásicos del género asesinatos que ves venir, sospechas entre el grupo y un ritmo diseñado para mantener tensión básica.
Sin embargo, pierde parte del filo crítico que caracterizaba a la franquicia. El componente meta, que antes servía para reflexionar sobre el propio cine de terror, aquí se diluye.

Las referencias existen, pero no tienen el mismo peso ni la misma intención.
Uno de los puntos débiles está en el tratamiento de los personajes ya que varias muertes parecen diseñadas únicamente para cumplir con la cuota de violencia del género, no hay suficiente desarrollo previo que permita generar apego o impacto emocional.
El efecto es funcional pero superficial. La película suma cuerpos, pero no siempre construye consecuencias dramáticas.
En las entregas recientes se había dejado atrás el estereotipo del adolescente desorientado que reacciona sin estrategia y los personajes mostraban cierta conciencia del contexto, utilizaban información previa y participaban activamente en la búsqueda del asesino.

En esta ocasión, el relato regresa a dinámicas más tradicionales, el grupo se fragmenta, duda sin dirección clara y reacciona de forma menos estructurada. Ese retroceso afecta la sensación de evolución que la saga había logrado.
Isabel May interpreta a Tatum, presentada como hija de Sidney. El concepto ofrece potencial, sobre todo por la carga simbólica que implica el apellido dentro del universo Scream. Sin embargo, el protagonismo no se desarrolla lo suficiente para consolidarla como eje sólido.

Su presencia aporta continuidad generacional, pero no alcanza para redefinir la narrativa. La nostalgia ocupa un espacio importante.
Hay guiños, referencias y ecos de entregas anteriores que buscan reconectar con el público histórico, no obstante, en varios momentos se perciben como intentos de compensar la falta de innovación que más que fortalecer la identidad de la película, algunos recursos evocativos terminan evidenciando la dependencia del pasado.

Scream 7 cumple con los elementos básicos del slasher, pero reduce el componente crítico que distinguía a la franquicia. La tensión funciona a nivel mecánico, aunque sin el impacto emocional de capítulos anteriores.
La ausencia de figuras clave, el uso limitado del enfoque meta y la dependencia de la nostalgia marcan una entrega que se siente más convencional que provocadora.
Ficha Técnica
• Director: Kevin Williamson
• Año: 2026
• Duración: 114 minutos
• Guión: Guy Busick y Kevin Williamson
• Fotografía: Brett Jutkiewicz
• Música: Marco Beltrami
• Elenco: Neve Campbell, Matthew Lillard, Courteney Cox, Isabel May.
• Distribuidora: Paramount Pictures
• Fecha de Estreno: 27 de febrero de 2026























